Vida espiritual

«No tengo» vs «Si tengo»

Al vivir en un mundo que da la espalda a Dios, no debe sorprendernos que tal posición traiga consecuencias muy duras para todos nosotros. Una de ellas, es tener necesidades o insuficiencias que limitan la felicidad de nuestra existencia terrenal.

Tener escasez de las cosas básicas de la vida como alimento, vestido, vivienda o el dinero, son circunstancias propicias para producir sentimientos de miseria y de incapacidad para una vida plena. Cuando asumimos las privaciones que tenemos como dioses que gobiernan la vida, la consecuencia lógica es que hablamos, sentimos y tomamos decisiones en base al “No tengo”. El no tener se convierte en el poder que nos rige la vida. Nos convertimos en esclavos de la vida miserable. Lo que sigue, entre muchas reacciones, es amargura, murmuración, echar la culpa a Dios o a otros de nuestra triste situación. Este no es el plan de Dios para sus hijos, hay otro camino distinto a seguir: La vida abundante que Cristo nos prometió (Jn. 10: 10).

La Biblia siempre nos ha prohibido que amemos las cosas materiales. Las riquezas son efímeras y cuando las amontonamos se convierten en el dios que gobierna nuestras decisiones. Dios dice que no se puede amar a Dios y al dinero a la vez. Lo que Dios desea es que lo amemos por sobre todas las cosas y que hagamos una inversión celestial con nuestra vida consagrada a los propósitos de Su reino (Mt. 6: 19-24). En base a esa verdad, el Señor Jesucristo, prohibió preocuparse por las necesidades de la vida diaria, si tendríamos alimento o ropa para vestirnos. Argumentó que la vida de cada ser humano es más valiosa para Dios que las cosas materiales y que ese valor supera al valor de las plantas y animales. También señaló que las preocupaciones por las necesidades de la vida son inútiles, y que tales angustias son evidencias de incredulidad y típicas de las personas que no tienen a Dios. El Señor nos recuerda que Dios nuestro Padre lo conoce todo y eso incluye nuestras necesidades diarias. Él se ocupará de satisfacer todas nuestras necesidades (Mt. 6: 25-32).

Si queremos vivir en el modo “si tengo”, necesitamos actuar y responder ante cada necesidad con los principios que surgen de la Palabra de Dios:

1. Decide someter toda la vida al gobierno soberano de Dios.

Dios promete que tal decisión es la garantía que toda escasez en la vida cotidiana estará bajo su control (Mt. 6: 10, 33-34). Cada área de tu vida bajo la autoridad de Dios te conducirá inevitablemente al camino de la sabiduría bíblica que traerá bienestar integral a tu vida (Prov. 3: 5-10).

2. Renuncia a la idolatría a las cosas materiales.

Si no tener algo material te sumerge en una crisis de angustia o preocupación, esto significa que lo material ocupa el lugar de Dios. El dinero, el trabajo, ni los padres son tus proveedores. Dios Padre es nuestro único y suficiente proveedor. Dios siempre exige lealtad absoluta (Mt. 6: 24: 19: 29).

3. Haz la oración del pan diario.

Jesús dijo:

“orad así…el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”

Mt. 6: 11

Es un requerimiento de nuestra vida de oración pedir por todas nuestras necesidades diarias. Nunca habrá un día o una necesidad que este fuera de Dios, siempre dependeremos de Dios. Pidamos a Dios incesantemente por nuestras necesidades (Mt. 7: 7-11).

4. Recuerda todo el tiempo que está prohibido preocuparse

(Mt. 6: 25; Fil. 4: 6)

Recuerda todo el tiempo que está prohibido preocuparse (Mt. 6: 25; Fil. 4: 6). Si nos preocupamos, pecamos y el pecado obstaculiza nuestras oraciones (Prov. 28: 13). Nada fuera de Dios debería tomar el control de nuestros pensamientos, emociones y decisiones. La paz ante la necesidad se obtiene de tres maneras (Fil. 4: 6-9):

  • Haz conocer a Dios todas tus necesidades. Este acto requiere que le entregues el problema a Dios. Tienes que soltarlo en sus manos en oración y no intentar resolverlo con tus fuerzas (1 P. 5: 7).
  • Sed agradecido a Dios. No hay situación que Dios permita que no sea para nuestro bien. Siempre da gracias por la situación que vives (1 Tes. 5: 18).
  • Cuida tu mente. El enemigo no duerme con sus propósitos de que siempre estés pensando en lo que no tienes o haciéndote dudar de las promesas de Dios. Por eso, hay que pensar en las verdades y las promesas de Dios todo el tiempo y refutar las mentiras (Ro. 12: 2; Ef. 6: 16; 1 P. 5: 8-9).

5. Ejercita la paciencia.

Aprende la difícil tarea de esperar la actuación de Dios sobre tu vida. La impaciencia es costosa y nos lleva a cometer serios errores: Nos quejamos, acudimos a otros para que nos ayuden, y lo peor, es que desconfiamos del poder de Dios. Necesitamos perseverar con tranquilidad en “esperar y aguardar en silencio la salvación de Jehová” y los milagros de provisión que Dios hará (Lam. 3: 2-26; Sal. 40. 1; 62: 1). Nunca se fracasa cuando se espera con tranquilidad en Dios.

6. Discierne el propósito de Dios con las pruebas.

Si Dios permite a sus hijos un tiempo de escasez económica o de otra índole, puedes tener completa seguridad que hay un propósito divino en todo. Dios usa la prueba para evaluar nuestra perspectiva de la vida: valores, intereses, modo de pensar. Dios quiere determinar si tenemos: Distorsiones mundanas como amor a las cosas del mundo (1 Jn. 2: 15-17), avaricia (Lc. 12: 13-21), pereza (Pr. 6: 6-11) o quiere fortalecer en nosotros un enfoque correcto de la voluntad de Dios como confianza (Mt. 6: 33), contentamiento (He. 13: 5), actitud correcta hacia el dinero (1 Ti. 6: 5-11). Siempre hay algo bueno en el plan de Dios (Ro. 8: 28-29; Sant. 1: 2-4). Además, nunca estaremos a la deriva o solos en nuestras aflicciones, habrá siempre una salida hacia la victoria (1 Co. 10: 13).


Dios no solo nos ha bendecido con lo necesario para vivir bien en un mundo en crisis, también nos ha dejado las instrucciones para lograrlo. Tu decides si quieres vivir en modo “Si tengo”

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