Vida espiritual

La paciencia un rasgo poderoso para enfrentar las aflicciones

Expertos en la materia

Sin duda alguna somos maestros de la impaciencia. La impaciencia es parte permanente de nuestra vida. Algunas de sus manifestaciones más frecuentes aparecen cuando nos desesperamos porque las cosas no suceden como queremos, cuando nos molestamos porque no nos entienden, cuando vivimos bajo presión o cuando no podemos controlar la ira ante ciertas circunstancias. La falta de paciencia es pura mundanalidad.

La impaciencia es sumamente peligrosa porque herimos a las personas que más amamos, porque cometemos errores graves con terribles consecuencias, y también, porque nos puede enfermar en forma emocional, física y espiritual. Es un mal contagioso, afecta terriblemente a las personas que nos rodean.

La impaciencia está prohibida en las Escrituras por su capacidad de hacer mal:

“Quédate quieto en la presencia del Señor, y espera con paciencia que él actúe, no te inquietes por la gente mala que prospera, ni te preocupes por sus perversas maquinaciones. Ya no sigas enojado ¡Deja a un lado tu ira! No pierdas los estribos que eso solo trae daño”

Sal 37:7-8, NTV
La paciencia
«La impaciencia es una conducta necia que hay que erradicar de nuestra vida»

La impaciencia es una conducta necia que hay que erradicar de nuestra vida (Pr 14:29).

Un poder espiritual

Lo contrario de tal comportamiento dañino, es la paciencia. La paciencia es el poder para mantenerse firme, resistir, perseverar ante cualquier clase de sufrimiento o adversidad. Es la capacidad de soportar la presión sin desesperarse. Nos permite mantener la serenidad, el ánimo, el control y la alegría en medio de la enfermedad, injusticia o sufrimiento. Es un poder espiritual que todos debemos perseguir.

Dios es nuestro modelo por excelencia de la paciencia (Neh 9:17; Sal 103:10; Ro 2:4; 3:25; 15:5). Él ha manifestado paciencia ante la iniquidad humana. Siempre está dando una segunda y tercera oportunidad para que el hombre se salve y le busque. Todos deberíamos seguir el ejemplo de Dios.

Además, es una virtud requerida en el carácter de todo seguidor de Jesucristo:

  • Con la paciencia desarrollamos la facultad de soportar al prójimo, perdonar sus errores, mostrarle misericordia (Mt 18:23-35).
  • Con la paciencia tenemos el poder para enfrentar y vencer las tribulaciones (2 Co 6:4-10; 2 Tes 1:4).
  • Con la paciencia avanzamos hacia la madurez en Cristo (Stg 1:4).
  • Con la paciencia se fortalece la esperanza en las promesas eternas de Dios (Ro 5:3-5; 15:4-6; 1 Tes 1:3).
  • Con la paciencia se fortalece la alegría y la gratitud en el corazón por la salvación en Cristo (Col 1:11-12).
  • Con la paciencia seremos recompensados con las bendiciones de la gloria futura (Lc 21:19; Ro 2:7; He 10:36; 12:1-2, Stg 1:12; 5:11).

Espero que sea obvio que todos queremos perseguir la paciencia.

¿Cómo obtener paciencia?

  1. Hay que esforzarse al máximo para añadirla a nuestra vida. Debemos perseguirla con esmero (2 P 1:5-6).
  2. Debemos aprender a controlar nuestras emociones de lo contrario ellas nos controlarán (Ef 4:26-27; 1 P 5:7-8; Stg 1:19-20). Decide erradicar la atadura mundana de la impaciencia.
  3. Debemos cambiar nuestra actitud hacia las dificultades de la vida. Las tribulaciones son medios de la gracia de Dios para producir paciencia (Ro 5:3). Las pruebas que Dios permite para ese fin, deben ser causa de gozo debido a su propósito: Desarrollar paciencia (Stg 1:2-4).
  4. Avanza hacia una vida controlada por el Espíritu Santo (Gá 5:16; Ef 5:18). La vida en el Espíritu Santo tiene como fruto la paciencia (Gá 5:22). Es un ministerio del Espíritu producir en el seguidor de Cristo que se pone bajo su autoridad la suficiente capacidad para enfrentar la aflicción.
  5. Esfuérzate en fortalecer tu confianza en Dios. Es necesario descansar en sus promesas y aceptar que sus verdades son absolutas (Sal 37:7-9).

La paciencia es fortaleza indestructible ante las adversidades de la vida: Es calma, es serenidad en las tempestades, es paz en la guerra, es seguridad ante los enemigos, es firmeza y estabilidad ante toda desgracia. Es un poder espiritual que todos debemos perseguir.

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