Vida espiritual

El peregrinaje en la auténtica vida espiritual

Nuestro Dios es tan grandioso, sabio y perfecto, que es difícil para nuestra mente limitada entender sus planes y sus decisiones.

«ninguna mente ha imaginado lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman”

1 Co. 2: 9, NTV; cf. Ro. 11: 33-35

El andar por el camino de la auténtica vida espiritual es una experiencia única, profundamente afectiva, enormemente sufrida y completamente significativa en lo personal y colectivo. Tal peregrinación es contradictoria e incoherente a nuestra razón, en especial, cuando sufrimos.

No es frecuente que los cristianos hagan un análisis de cómo se inició su camino con Cristo y cómo ha transcurrido ese trayecto hasta el presente. Algunos luchamos con entender a Dios y sus designios en relación a cómo conduce nuestra vida en esta tierra. Hay muchas preguntas que parecen que no tienen respuesta. Sin embargo, Dios en su gran amor nos ha dejado por escrito algunas instrucciones que nos guiarán a entender porque nuestro camino es tan incomprensible, pero a la vez, tan maravilloso.

Algunas palabras bíblicas nos ayudan a comprender lo que Dios ha dispuesto para nuestra caminata por el mundo. Ellas son amado, escogido, bendecido y quebrantado.

Amados por Dios

La condición de cualquiera persona sin Dios es absolutamente terrible. No tiene a Dios, es esclavo del pecado y de satanás, sin esperanza, en confusión y condenación eterna. En esa condición nadie es capaz de hacer nada por su salvación. Pero Dios en su inmensa gracia y amor, aunque todos estábamos muertos e incapaces de hacer nada, nos dio la vida cuando ofreció a Cristo en sacrificio por los pecados y lo resucitó de los muertos. Él lo hizo todo para salvarnos de nuestro estado de muerte total. La salvación es un regalo de Dios y en todas sus partes es una obra del único Dios que tiene el amor como esencia de su naturaleza divina (Ef. 2: 1-10). Por aquí comenzó nuestro peregrinaje espiritual.

Ahora, esta es una verdad grandiosa que debemos creer: Que los creyentes, en la salvación que Dios ofrece en Cristo, somos amados por Dios ayer, hoy y por siempre (1 Jn. 4: 9-10). Dios nos ama con un amor perfecto e inquebrantable (Ro. 8: 35-39). El Espíritu Santo ha llenado nuestro corazón con el amor de Dios (Ro. 5: 5). Todo lo que Dios ha hecho y hace por nosotros es por amor. Esto hace necesario que cada uno de nosotros tenga una conversión hacia ser amados. Una transformación completa que nos lleve a pensar, sentir, hablar y hacer como verdaderos hijos amados (Ef. 5: 1). El apóstol Pablo da por sentado este hecho y exhorta: “vestíos como escogidos de Dios, santos y amados…” (Col. 3: 12). Este mandato requiere que hagamos algo para experimentar la identidad de ser amados por Dios y para eso necesitamos que el Espíritu Santo nos inunde con su poder para que fluya el amor de Dios dentro de nosotros. La vida en este mundo es hostil y difícil, necesitamos recordar siempre que Dios nos ama. Nada de los que nos suceda en este mundo está fuera del amor de Dios.

Escogidos por Dios

Para este viaje por el mundo Dios nos ha escogidos para una vida que tiene propósito y significado. Somos escogidos para ser consagrados a los propósitos de Dios (Ef. 1: 4-5), escogidos para ser semejantes a Cristo (Ro. 8: 28-29), escogidos para obedecer a Cristo (1 P. 1: 2). Fuimos creados para cumplir una misión única y extraordinaria por medio de Cristo en este mundo (Ef. 2: 10; 1 P. 2: 9). Entender que somos elegidos por Dios es clave para afianzarnos en el tránsito por este mundo, el cual está lleno de caminos sin sentidos. Otra vez el exhorto de Pablo es necesario “…vestíos como escogidos de Dios…” (Col. 3: 12), es decir, como personas elegidas por Dios con propósito.

Es importante fortalecer nuestra fe cada día de que somos escogidos por Dios. Tenemos que combatir los enemigos que nos quieren desviar del camino (2 Co. 11: 3; 1 Jn. 2: 15-16). Nuestro entorno es destructor y engañoso. Constantemente atenta contra una viva experiencia de la elección de Dios en nosotros. Estos adversarios pueden ser capaces de desviarnos y sumirnos en la desesperanza y la derrota. Cada vez que nos sintamos oprimidos, rechazados o tentados por el mundo, reforcemos la verdad de que somos escogidos por Dios.

El camino del escogido tiene una misión especial que cumplir hacia los demás. El camino de la auténtica espiritualidad tiene sentido porque se consagra para servir a Cristo.

Integrar profundamente a nuestra vida la verdad de nuestra elección fortalece profundamente nuestra confianza mientras viajamos hacia la eternidad.

Bendecidos por Dios

El hijo de Dios no transita sin recursos por este mundo. La promesa de Dios es que Él nos ha otorgado todos los bienes necesarios, sean espirituales o materiales, para la vida y el bienestar en su integridad (2 P. 1: 3). En Cristo somos bendecido con todas las bendiciones posibles como la salvación, la prosperidad y la sanidad (Ef. 1: 3; Ro. 15: 29). Posesionarse de la bendición garantiza un camino victorioso en la vida (1 S. 26: 25). Ser bendecido por Dios es ser investido de todo lo necesario para que nos vaya bien por el camino de la vida.

Aunque es un hecho que estamos bendecidos por Dios, necesitamos ser renovados al escuchar constantemente sus bendiciones para que sean más reales en nosotros cada día. Somos bendecidos para bendecir. Debemos ser bendecidos y también debemos bendecir. Tenemos que afirmarnos los unos a los otros con las promesas que fortalecen nuestro sentido de pertenencia, nuestra seguridad en el cuidado permanente de Dios y en su amor inagotable que nos inunda con su paz, protección y provisión (Nm. 6: 22-27).

Es también saludable hacernos consciente de la presencia de Dios lo más continuo que podamos. Esa disciplina nos permite ser sensible a las continuas bendiciones que Dios derrama sobre nuestras vidas (Lam. 3: 21-26). Hay que luchar con los afanes que ahogan que percibamos sus permanentes misericordias y prestar atención para ser agradecidos por su bondad.

Quebrantados por Dios

La condición de que somos personas rotas que transitamos por este mundo es difícil de negar. Es muy real que los seres humanos luchan con frustraciones, amarguras, derrotas, pérdidas, rupturas y estas causan sufrimientos únicos en cada uno. Estas realidades penosas, complicadas, y muchas veces incomprensibles, tienen que ser asumidas de la misma forma como hemos tomado la verdad de que somos amados, escogidos y bendecidos.

Los hijos de Dios que viajan por este mundo también sufren, luchan contra las dificultades, son maltratados, se enferman y mueren. Lo humano es resistirse o entristecerse por tales tragedias. Pero en Dios tenemos otra perspectiva de este asunto. Dios ha decidido mantenernos quebrantados.  Cristo nos dejó dicho: “…en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, yo he vencido al mundo” (Jn. 16: 33). El apóstol Pablo también indicó: “…lo que ahora sufrimos no es nada comparado con la gloria que él nos revelará más adelante” (Ro. 8: 18). Santiago: “…cuando tengan que enfrentar problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho” (Sant. 1: 2). Lo singular en estos textos es que hay que animarse en las aflicciones con la seguridad que los que somos de Cristo también venceremos, que tenemos esperanza en experimentar la gloria de Dios y que los sufrimientos son tiempos de gozo. Así que, los sufrimientos y las alegrías en los peregrinos cristianos no son opuestos, son más bien complementarios. Por medio del sufrimiento Dios nos conduce a procesos de purificación, a cambios significativos, y a nuevos niveles de madurez en Cristo (Ro. 8: 28-29).

Para crecer en nuestra realidad de quebrantamiento continuo como plan divino, tenemos que ver siempre lo positivo de la aflicción, a aprender del dolor, a descubrir el propósito de Dios en todo. No debemos huir de las aflicciones, ni negar los sufrimientos que padecemos por el camino. Ellos son altamente beneficiosos para nuestra vida. No deberían sorprendernos cuando aparezcan, más bien deberíamos alegrarnos y recibirlos como medios de la gracia de Cristo (1 P. 4: 12-13). Y, además, como medios capacitadores para ser instrumentos de bendición y ayuda para otros (2 Co. 1: 3-7).

El andar por el camino de la auténtica vida espiritual es una experiencia única, somos profundamente amados, sufrimos todo el tiempo, y también tenemos una existencia significativa para gloria de Dios. Tal peregrinación es la que nos conduce a la gloriosa libertad prometida a los hijos de Dios.

Dios te anime con estas palabras.

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