Vida espiritual

El camino hacia una fe completa

El mensaje de la Biblia nos anima todo el tiempo a desarrollar la fe. De principio a fin, la fe es fundamental para una vida cristiana exitosa: La salvación por medio de Cristo es solo por la fe (Ro. 1: 17; Ef. 2: 8), No es posible honrar a Dios sin fe (He. 11: 6), la victoria sobre el sistema de valores terrenales solo es con la fe (1 Jn. 5: 4), para vivir la vida de Cristo, es necesario fortalecer continuamente la fe (Col. 2: 6-7), hay que permanecer firmes en la fe (1 Co. 16: 13) para acercarse a Dios hay que tener una fe plenamente segura (He. 10: 22),  se resiste al diablo por medio de la fe (1 P. 5: 8: 9; Ef. 6: 16), se espera que terminemos bien nuestra jornada en esta tierra habiendo obedecido la fe (2 Ti. 4: 7).

La fe bíblica completa es un proceso que demanda decisiones. La fe es una palabra que indica acción. Creer, confiar o confianza, son palabras que nos ayudan a entender la fe. La fe se fundamenta en la confianza en la verdad que Dios nos ha revelado en su Palabra. La fe tiene un objeto y ese objeto es el único Dios verdadero y digno de confianza que existe en el universo. Dios es fiel a sus promesas, merece que confiemos absolutamente en él.

Cuando leemos sobre la vida de Abraham, el padre de la fe, encontramos que escuchó, obedeció, dependió y esperó pacientemente en Dios (Gen. 12: 1-12; He. 11: 8). Mostró su fe arriesgando su vida, viajó a lugares desconocidos, obedeció a Dios, porque confiaba plenamente en el Dios que nunca miente y que cumple siempre su Palabra. Confió en Dios cuando todo era contrario y ya no había esperanza (Ro. 4: 18). Por eso, Dios lo consideró justo delante de él y lo bendijo grandemente.

Para tener una fe completa es necesario escuchar a Dios

Para escuchar es necesario poner mucha atención a los que se nos dice. Hay que atender la voz de Dios. Dios es el Dios que habla, que se revela al hombre. Dios siempre nos está hablando en todo tiempo y de muchas maneras (He. 1. 1; Ro. 1: 19-21). Nadie tiene excusa delante de Dios porque no oye nada. Algunos personajes bíblicos, como Eva o Caín, fueron excluidos de la lista de los héroes de la fe porque no pusieron atención a los que Dios les decía, porque simplemente ignoraron a Dios y siguieron sus propios caminos a la destrucción. Lo contrario fueron personajes como Abel, Noé, Enoc y Moisés quienes oyeron y obedecieron a Dios. Pusieron atención a la voz de Dios y terminaron sus vidas victoriosamente (He. 11: 4-7). Atendamos a la voz del Dios que habla.

Para tener una fe completa es necesario obedecer a Dios

Obedecer significa hacer la voluntad de quien nos gobierna. La obediencia ocurre cuando nos sometemos a la autoridad suprema de Dios y acatamos fielmente sus instrucciones. Personajes como Noé, Abraham y Moisés fueron sumisos a la autoridad de Dios por la fe (Gen. 6: 22; He. 11: 7-8, 24-25). No basta con oír el mensaje, hay que ponerlo en práctica, de lo contrario, sería un engaño a uno mismo (Sant. 1: 22-25). La fe que no se demuestra con obediencia está muerta (Sant. 2: 14-17).

Para tener una fe completa hay que depender de Dios

Esta dependencia es la decisión de entregar, de rendición incondicional a la voluntad de Dios. Es quedar a merced de su voluntad confiadamente. Es como caer ciegamente en los brazos del Señor y como resultado lograr el descanso completo en nuestro corazón. Exige que aprendamos la oración de Getsemaní:

“No se haga mi voluntad, sino la tuya”

Lc. 22: 39-46

Exige renunciar al control de nuestra voluntad (Mr. 8: 34). Exige entregar confiadamente nuestros anhelos y seres amados en las manos de Dios (Sal. 37: 5). Nunca será fácil depender de Dios, pero para el que cree, todo es posible.

Para tener una fe completa hay que esperar en Dios

Esperar es tener una esperanza viva de lograr lo que se desea. Comprende que no debemos hacer nada hasta que suceda lo que se espera. Recordemos la impaciencia de Abraham y Sara, fue una decisión con terribles consecuencias (Gen. 16: 1-2) La espera exige paciencia, aguante, para no adelantarse y buscar nuestras propias soluciones a nuestros problemas y expectativas.  Exige esperar confiadamente que se cumplan las promesas de Dios (Sal. 27: 13-14; Is. 40: 28-31; Lam. 3: 25-26). Nadie pierde cuando confía en Dios. La confianza en el carácter de Dios es nuestra seguridad. Por eso, hay que aprender a esperar en silencio y quietud que Dios actúe (Sal. 46: 10; 40: 1). Tenemos que aprender a esperar, porque no tenemos dónde más ir. Dios nos ayude a desarrollar nuestra fe, aún en medio de cualquier crisis, hasta que esté completa y sea hallada en alabanza y honra en la venida de Cristo (1 P. 1: 7).

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