Vida espiritual

Dios llama a su pueblo al arrepentimiento

Si hay una acción ineludible que debe hacer el pueblo de Dios hoy, es examinar su vida para determinar cuánto se ha alejado de Dios. Porque si estamos alejados de Dios, las consecuencias pueden ser la disciplina o el juicio de Dios (1 P 4:16-17).

Hay repercusiones negativas cuando el pueblo elegido se aleja de Dios: Su vida es infructífera, su misión redentora se reduce o se frena completamente, su capacidad de influencia queda mermada drásticamente y en el mundo que nos rodea las fuerzas del mal avanzan rápidamente. Entonces, Dios por amor, necesita disciplinar a su pueblo para que vuelva al propósito para el cual lo creó.

Cada vez que nos desviamos del propósito de Dios, él necesita corregirnos para que volvamos a él. Hoy el llamado de Dios es a volver.

¡Volveos a mí, y Yo me volveré a vosotros!, dice Jehová de los Ejércitos

Mal. 3: 7

 “Si Yo cierro los cielos para que no haya lluvia, o si mando la langosta para devorar la tierra, o si envío pestilencia (pestilencia puede ser una enfermedad contagiosa) entre mi pueblo, y se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi Nombre, y oran, y buscan mi rostro, y se convierten de sus malos caminos, entonces Yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados y sanaré su tierra”

2 Cr. 7: 13-14
El arrepentimiento
«Cada vez que nos desviamos del propósito de Dios, él necesita corregirnos para que volvamos a él»

3 pasos hacia el arrepentimiento

Vayamos al contexto y notemos lo que dice la oración de Salomón cuando dedicó el templo a Dios (2Cr 6:24, 26, 28; 36-39). Dios en su soberanía permitirá sequías, escasez, epidemias, guerras, como formas para disciplinar a su pueblo. El pecado nunca es pasado por alto por Dios. Su pueblo será disciplinado cuando peque contra Dios, pero el Dios de la misericordia siempre tiene la puerta abierta del perdón, y la promesa de la sanidad, siempre y cuando haya arrepentimiento. Hay que dar tres pasos hacia el arrepentimiento para que se cumplan las promesas de Dios:

  1. Humillarse. Dejar el orgullo y reconocer el pecado. No encubrirlo, confesarlo específicamente (Pr 28:13; 1 Jn 1:9).
  2. Buscar a Dios en oración para resolver los asuntos pendientes con Él (Is 1: 18).
  3. Arrepentirse. Apartarnos de todo lo que esté mal en nuestra vida y regresar a Dios dispuestos a cambiar radicalmente nuestro modo de vivir.

El Dios del Antiguo Testamento es el mismo de hoy. Dios nunca cambia; su naturaleza es inmutable y su actitud hacia el pecado siempre será igual. Dios castiga, pero es grande en misericordia. Si nos volvemos a Él, nos perdonará y nos liberará de su disciplina.

El pecado en los hijos de Dios es algo sumamente grave. No intentemos burlarnos de Dios, Él no puede ser burlado (Gá 6: 7) y de ningún modo justifica al culpable (Ex 34: 7). Así que es necesario que atendamos a sus condiciones para el arrepentimiento.

Los resultados del arrepentimiento

El arrepentimiento no es una simple pena por el pecado o una acción superficial para escaparnos de la ira de Dios. El arrepentimiento es un cambio radical de actitud hacia el pecado, que nos aparta de él y nos hace volver a la relación de amor con Dios. Solo con un verdadero arrepentimiento hay perdón y sanidad.

El resultado del arrepentimiento verdadero es obvio, es una transformación del modo de vivir (Lc 3: 7-8). No es solamente confesión, ni lamentación por el pecado (2Co 7: 10), es un cambio de mente y conducta que refleja la vida y los mandamientos de Cristo en nosotros (Gá 2: 20).

Hay tres resultados concretos del arrepentimiento del pueblo de Dios:

  1. Cambio de nuestra manera de pensar.

    La mente en pecado no entiende las verdades espirituales (1Co 2: 14), está en oscuridad y cerrada completamente hacia Dios (Ef 4: 17-18). Pero la mente transformada tiene la virtud de desarrollar la manera de pensar de Cristo (1Co 2: 16) y la capacidad de comprender la Palabra de Dios para que nos mantengamos en sus propósitos eternos (1Co 2: 15).
  2. Cambio de nuestros sentimientos.

    La persona en pecado tiene un estado emocional enfermo. La ira, el miedo, la amargura, la soledad, la inseguridad, los conflictos con otros colman sus emociones (Ef 4:31; Stg 3:14). Pero las emociones transformadas están llenas de paz, de seguridad, de gozo, de paciencia y amor (Gá 5:22-23; Col 3:12-15).
  3. Cambio en nuestras acciones.

    La voluntad cautiva al pecado vive para satisfacer sus propios deseos, es susceptible a la influencia del mundo con sus valores y se somete a las presiones de satanás (Ef 2:2-3; Col 3:5). Pero la voluntad transformada se aparta del pecado, renuncia a los ídolos y somete su voluntad al control del Espíritu Santo (Fil 2:13; Ef 5:18).

El arrepentimiento es indispensable no solo para cada persona, es también necesario para cada familia, cada iglesia, cada ciudad y cada nación. Recuerda Dios nos está llamando al arrepentimiento:

“Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Sé pues fervoroso y arrepiéntete”

Ap 2:19

Si no hay arrepentimiento, entonces Dios nos disciplinará:

“…el Señor al que ama disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo” 

He 12:6

El arrepentimiento es un modo de vida; nos mantiene cambiando cada día hacia la santidad, nos mantiene activos en la misión redentora de Dios en el mundo y dando abundantes frutos de obediencia que exaltan la gloria de Dios.

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