Vida espiritual

Cruz vs Gozo

El sufrimiento en los hijos de Dios es una experiencia que tiene el designio divino de proveer el mayor bien. Dios utiliza el sufrimiento para el mayor beneficio posible en nuestras vidas. La aflicción que padecemos inevitablemente se transforma en motivo de gozo, es decir, en perfeccionamiento y bienestar en la vida completa del hijo de Dios y también de sus semejantes.

Hablar del sufrimiento en la vida del cristiano es un tema difícil. Estamos invitados a participar de los sufrimientos de Cristo (Col. 1: 24; Fil. 3: 10-11), a cargar nuestra propia cruz (Mr. 8: 34), pero a la vez a disfrutar de la vida abundante en Cristo (Jn. 10: 10). Por lo visto, el gozo y el sufrimiento van de la mano en la vida cristiana (Ro. 8: 18). Conocer esta realidad nos transforma. Este es el desafío que tenemos que creer: Que la cruz y el gozo van juntos en el cristiano. Ese es su valor eterno.

Parece insólito que Jesús se haya gozado en la cruz, “Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz…” (He. 12: 2). Las palabras del apóstol Pedro: “…alégrense mucho, porque estas pruebas los hacen partícipe con Cristo de su sufrimiento, para que tengan la inmensa alegría de ver su gloria cuando sea revelada a todo el mundo” (1 P. 4: 12-13). O las de Santiago: “…cuando tengan que enfrentar problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho” (Sant. 1: 2). Que difícil es aceptar esta verdad, pero vivir desde esta nueva perspectiva es transformador.

Según la visión bíblica la experiencia cristiana no es solo gozo y victoria, es también sufrimiento, es cruz. En el plan perfecto de Dios para nosotros el sufrimiento no es inútil, Dios los transforma en algo bueno y hermoso. Su fin tiene propósitos extraordinarios no solo en nosotros, sino también en la transcendencia que tiene para los demás. Jesús advirtió con toda sinceridad sobre una situación inevitable de sus seguidores que: “en el mundo tendríamos aflicción”, pero a la vez, indicó la seguridad de la victoria sobre ella “anímense, porque yo he vencido al mundo (Jn. 16: 33). Aflicción y victoria van de la mano.

Las razones para que un hijo de Dios se alegre por sus padecimientos son muchas: Sabemos que el sufrimiento desarrolla el carácter de Cristo (Ro. 8: 28-29), porque toda prueba tiene garantizada una salida hacia la victoria (1 Co. 10: 13), porque fortalece nuestra perseverancia y madurez en Cristo (Sant. 1: 2-4)., porque auténtica nuestra fe para que sea aprobada por Dios (1 P. 1: 6-7), porque por medio del sufrimiento recibimos el estímulo y la fortaleza necesaria para sanar a otros en sus tribulaciones (2 Co. 1: 3-7). Así que, el sufrimiento en un hijo de Dios tiene un valor trascendente. Si es así, deberíamos siempre descubrir el propósito de Dios con cada aflicción. Recuerda la historia del apóstol y su aguijón en su carne. Una enfermedad que lo maltrataba y que Dios le permitió sufrir, sin embargo, cuando descubrió el plan de Dios para mantenerlo humilde, se alegró grandemente del propósito de Dios (2 Co. 12: 1-10). 

El mismo Cristo nos enseñó que después del sufrimiento y la muerte, viene la resurrección y la vida (Jn. 12: 24). Este es el modo: Cruz y gozo.

¿Cómo asumo mi cruz como una oportunidad para desarrollar el gozo?

  1. Enfrenta tus dificultades con oración.
    Hay que abrir el corazón a Dios con total libertad y pedir sabiduría para conocer el propósito divino. Cuando lo descubrimos tenemos un motivo de gozo (Fil. 4: 6-7; Sant. 1: 3-5).
  1. Hay que confesar los pecados. La aflicción siempre será una oportunidad para examinar la vida y hacer limpieza profunda (1 Jn. 1: 9). El profeta Daniel no solo confesó los pecados propios sino los de su comunidad (Dn. 9: 4-19).
  1. Pon tu confianza en Dios (Prov. 3: 5-6; Sal. 121; Is. 26: 3). Él es soberano, tiene el control de toda circunstancia, es misericordioso en extremo. Él nos llevará de su mano hasta que se cumpla el propósito del sufrimiento.
  1. Mantén una actitud de aprendizaje. Seguro que toda dificultad tiene lecciones que aprender. Hay dificultades de las que somos responsables y tenemos que rectificar. Hay situaciones de las que no somos responsable y tenemos que descubrir el propósito de Dios con ellas (1 P. 4: 14-16). Aprende a conocer más a Dios. Aprende a ayudar a otros en dificultades. Aprende de Dios sobre situaciones que no tienen explicación lógica en la mente humana.
  1. Sé agradecido. Recuerda que podemos sufrir por servir a Cristo y también sufrir por las injusticias de un mundo corrompido por el pecado. En todo caso Sé agradecido con Dios por todo.
  1. Ten cuidado de los peligros que una situación crítica puede traer: Optar por caminos equivocados para buscar solución, falta de perdón, pasividad, abandono personal y de los compromisos regulares.
  1. Pide dirección a Dios y aparta un tiempo para luchar intensamente. El ayuno es una oportunidad inmejorable para ocasiones cuando el sufrimiento está acompañado de una intensa batalla espiritual. 

No solo es cruz también es gozo.

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